La hija de Isabel Preysler le pone glamour a la Jaeger-Le Coultre
LLEGÓ el momento de parar un segundo en el arcén y repasar minuciosamente si su vehículo va provisto del reglamentario chaleco reflectante (hortero donde los haya) y de los triángulos de emergencia para colocarlos por detrás y por delante en caso de ídem. Tamara Falcó pasa unos días por la urbanización gaditana de Sotogrande y, más vale recordarlo, lo suyo con el volante fue una historia de amor-odio desde sus primeros coqueteos con el gasóleo. Sus crisis más sonadas, que casi acaban en ruptura definitiva, fueron -años ha- empotrase en una cafetería mientras los atónitos clientes engullían el mollete o besar, por decirlo finamente, una mediana, matorrales incluidos. Esperemos que ahora la cosa vaya sobre ruedas. Y si es sobre las cuatro, mejor que mejor.
Tamara y su novio, Marco Noyer
La hija de Isabel Preysler arribó hace unos días a este rincón de Cádiz, por donde ya se pasea de la mano de su novio, Marco Noyer. Y Tamara, que vive en un eterno país de las maravillas como Alicia, su 'alter ego' rubia, no podía haber elegido mejor destino para sus vacaciones. Si existe un sitio a mil kilómetros a la redonda donde hay pijos a porrillo ese es, sin duda Sotogrande. En este paraíso de 'diores' y 'chaneles' no eres nadie si no llevas una cuadra bordada en la camisa o si tu deporte favorito es jugar al parchís en la terraza mientras luchas contra los mosquitos.
Allí manda el polo, el deporte de la bocha (que bola suena más mediocre), de jinetes erguidos hasta decir basta y de novias de 'mírame y no me toques'. (Como en Ascot pero con menos pamelas, para evitar que el casco se achicharre más de la cuenta). Ni que decir tiene que entre tanto ambiente 'borjamari' Tamara Falcó, pija confesa (y a mucha honra, le falta decir) se mueve como pez en el agua (o en el 'oseano').
París, su nido de amor
Desde hace algunos meses la pareja tiene fijada su residencia en la capital de Francia, eterno nido de amor, donde él estudia un máster y ella aprende lo que vale un euro y hasta cómo se coloca la sábana bajera a riesgo de que la manicura francesa se le quede hecha un churro. Y como siempre les quedará París, han hecho el petate (Vuitton, como si lo viera) para pasar unos días en España con la familia, aunque su madre juegue al escondite con los 'paparazzis' un verano más.
Menos escurridiza es su hija Tamara, fruto del matrimonio de Isabel Preysler con Carlos Falcó, marqués de Griñón. No le importan posar (gratis, matiz importante) a la voz de 'pa-ta-ta'. Como ven, con vestido palabra de honor y 'maxi-bolso', 'maxi-maxi-gafas' y 'maxi-zapatos', con un par... de cuñas para pisar fuerte. Volcada con su faceta profesional en el mundo de la moda, habrá que anotar un detalle: las zapatillas de esparto a rayas de su novio. Debe de ser lo último. Palabra de hija de Preysler, que de tal palo tal astilla, bautizada, como poco, con Evian.
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