Roberto De Vicenzo, de 85 años, y Antonio Cerdá, de 86, bromean en la sede del Jockey Club de San Isidro; una charla llena de recuerdos Foto: Mauro Alfieri
Por Gastón Saiz
De la Redacción de LA NACION
Y un día, después de 16 años, se reencontraron en el Jockey Club de San Isidro los héroes de la Copa Canadá de 1953, la primera experiencia de las Copas del Mundo de golf por parejas.
Roberto De Vicenzo recibió con los brazos abiertos a Antonio Cerdá, que vive en la Ciudad de México desde 1958. No hay saludos protocolares; sólo numerosos gestos de afecto, informalidad y las mismas chanzas que alimentaron una amistad de tantos años.
"Estamos más cerca del hoyo que del tee de salida", lanza el Maestro, de 85 años, como una metáfora de la vida. "Pero nos sentimos muy bien, a Roberto lo veo mejor que nunca", completa Cerdá (86), que había estado con su viejo compañero por última vez en un torneo en el club de golf mexicano La Hacienda, a unos 30 kilómetros del Distrito Federal.
El reencuentro de los campeones fue promovido por los organizadores de la Copa del Mundo, que este año se realizará entre el 27 y el 30 del mes próximo en Shenzen, China. Las fotos de esta íntima reunión y una nota televisiva serán exhibidas allí en Oriente, durante la gala del certamen. El único lamento es que, por primera vez en la historia, la Argentina no estará representada por una pareja.
Gracias a la memoria de ambos, la remembranza de aquella feliz experiencia de Montreal en 1953 se reconstruye con espontaneidad. Por aquel entonces, se habían cursado invitaciones para los golfistas-estrella de todo el mundo, con una prima de 500 dólares para cada uno. De todas maneras, la fiesta deportiva en el Beaconsfield Golf Club fue más que discreta: apenas cobijó a catorce jugadores, que representaban a siete países.
Cuando llegó allí, Cerdá anticipó el éxito argentino y la prensa se hizo eco enseguida: "Los gauchos argentinos pronosticaron decididamente el triunfo" , tituló un diario. Cerdá rememora: "El momento más importante y emotivo fue cuando nos dieron la copa a los dos juntos. Y ni bien terminó la ceremonia, viajamos a Escocia para hacer una exhibición. Es que en esa época había que ir detrás de los centavos..." De Vicenzo acota: "Por entonces éramos los mejores que podíamos representar al país en la Copa del Mundo, que todavía se llamaba Copa Canadá. Haber ganado en Montreal significó una carta de presentación extraordinaria en el exterior".
Al cabo de 36 hoyos, los argentinos se impusieron con 287 golpes, diez menos que Canadá y once menos que Australia. Además, Cerdá atesoró el trofeo individual, con 140 golpes. Un año después, en el mismo escenario, fueron escoltas de Australia, el campeón.
El primer acercamiento entre ellos se produjo en 1944. Lo relata con una sonrisa De Vicenzo: "Ese año me tocó el servicio militar y él ocupó mi lugar como profesor del Ranelagh Golf Club. Lo hizo tan bien que se llevó toda mi clientela y me terminaron echando . Me derivaron a Rosario..."
En 1958 hubo otro punto de quiebre en la relación, que explica Cerdá: "En esa época, Roberto trabajaba en el Club Campestre, en México, y me invitó a que jugara dos años en la gira de los Estados Unidos. Al final, me quedé viviendo en tierra mexicana y tuve cinco hijos".
Ambos describen sus estilos: "Antonio jugó siempre bien los fierros y fue especialista en el tiro a la bandera y en el juego corto. De hecho, los ingleses lo llamaban ?Anthony One Putt´, porque entraba al green y la metía con mucha facilidad", dice el Maestro.
Cerdá replica: "Roberto, ante todo, es como un hermano. Pegaba los drives impresionantemente lejos y superaba las 300 yardas con naturalidad asombrosa. No sé qué haría él con estos palos nuevos que hay ahora. Igualmente, durante la Copa del Mundo me decía: ?Tirá vos en la salida que lo hacés derechito ".
Si bien eran los invitados de honor, no viajarán a China por un dolor en una pierna que aqueja a De Vicenzo. De todas formas, en esta Copa del Mundo se revivirá la gesta de estos gauchos que hicieron historia hace 55 años.
Aquellos tiempos donde dominaba la intuición
"Antes, la Copa del Mundo se jugaba de manera muy amigable, la competencia no se tomaba con tanta seriedad como hoy", cuenta Cerdá (arriba). "Las canchas no estaban tan medidas como ahora. Todo lo hacíamos a través de la vista, el sentido y la intuición", señala De Vicenzo (derecha).
Fuente: La Nacíón